Más Allá
El viento me golpeaba en la cara mientras me acercaba al
borde, me apoyaba en el muro y miraba más allá. Las alturas y yo nunca hemos sido
buenas amigas pero estar aquí me ayuda, era como abrir los ojos por primera
vez.
Mirase donde mirase, todo estaba allí. Casas grandes y
pequeñas, nuevas y destrozadas, con grandes ventanales y ninguno. Estaban ahí,
todas blancas, mirando al embarrado río o las agrietadas carreteras. El ruido
del día a día de todos los de allí no se oía. Lo único que se oía era el viento
que con toda su fuerza lanzaba mis cabellos juntos con mis pensamientos hacia
atrás. Y si me centraba en él podía escuchar que me susurraba.
Me contaba cómo dentro de esas casas las personas caían como
moscas.
Me contaba cómo gritaban porque les habían arrebatado a sus
seres queridos tanto con una bala, como con un cuchillo o con una sobredosis.
Me contaba como casas repletas de recuerdos y dinero eran
vaciadas por ladrones desesperados y aficionados.
Me contaba como los sin vergüenza engatusaban y engañaban a
las chicas ingenuas.
Pero con el viento no llegaban solo esos susurros
chismosos... Con el viento también llegaba un hedor. Un hedor a timos,
chantajes, robos, violaciones, mentiras... Llegaba el hedor de este maldito
pueblo.
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